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La importancia de comer en Familia

 

Eulalia Brovetto
Psicóloga Coordinadora
Colegio y Liceo Latinoamericano

Acompañando el recetario Nutridivertido enviado a las familias del preescolar,  compartimos las siguientes ideas.

Sentarse a la mesa familiar es muy importante para todos sus integrantes.
Sea cual fuera la conformación familiar, son muchos los beneficios de Comer en familia.

Encontrarse alrededor de una mesa para comer con los demás puede ser de las experiencias más enriquecedoras y gratificantes que tenemos los seres humanos. Alimentarse es mucho más que ingerir alimentos para saciar el hambre. A través de la comida se transmiten costumbres, hábitos y tradiciones de una generación a otra.

  1. Desde nuestro primer alimento, el pecho o la mamadera, está unido al vínculo de cuidado, atención y afecto.
    A medida que el niño crece, va incorporando nuevos alimentos y conquistando nuevas autonomías. Ocupar su lugar en la mesa, junto con la capacidad para tomar por sí mismo la cuchara, le va dando al niño una sensación de adquisición y logro que le resulta muy gratificante.
  2. ¿Con quién comen? Se les preguntó al grupo de 4 años. (*)
    CON MI FAMILIA”  contestaron los niños.

 

En el momento de comer…

“Ponemos la mesa…los platos y los vasos”

“Los demás preparan la comida”

“Yo cocino cualquier cosa, y algunas veces con papá y algunas veces con mamá”

 

Mientras comemos…

“Papá me sirve agua”

“Yo me sirvo todo solo”

“Como todo”

“Yo a veces converso un poquito con mi mamá y papá mientras como,  y miro tele también”

“Yo a veces charlo y les cuento que hice acá en la escuela”

(*) Material aportado por las Psic. de los grupos Valeria Bergerie y Virginia Varela.

 

¿Cómo comemos?

“Con el tenedor y la cuchara”

“Yo tengo un cuchillo sin filo para cortar las cosas que son flojitas”

“Yo corto con un cuchillo de plástico”

“La milanesa de pescado me la corto yo”

“Yo corto la banana con un cuchillo”

 

Sentarse a la mesa familiar es muy importante para todos sus integrantes.

“Cada familia es un mundo”

 

Sea cual fuera la conformación familiar, son muchos los beneficios de Comer en familia:

  • Hora de la comida puede ser un tiempo de encuentro y comunicación…
         para compartir en un ambiente suficientemente calmo.
  • El tiempo que comparten juntos en la mesa da la oportunidad de tener conversaciones,  contar historias y compartir experiencias.
  • Comunicar y escucharse. Esperar para hablar, poder ir tolerando la espera.
  • Es importante que el adulto pueda regular de manera que todos tengan un tiempo de expresarse y no se monopolice la conversación
  • Favorece el desarrollo del lenguaje y del pensamiento
  • Oportunidad para ir aprendiendo a opinar, discrepar  y que las diferencias se pueden resolver a través de la comunicación.
  • Construye vínculo

Es importante  que el adulto:

  • Organice los tiempos y espacios
  • Gestione y proporcione la comida


Esto ayuda a calmar ansiedades y concentrar la atención.

La comida “a la carta”, con abundantes opciones para elegir, abruma y pone ansioso al niño.
Puede resultar tan riesgoso como la adopción de una actitud controladora y restrictiva eligiendo todo por el niño.

 

Importancia de su lugar en la mesa compartida

No nos referimos a lugares fijos en la mesa, lo que devendrá de lo que cada familia disponga, sino el habilitar un lugar para cada integrante.

Sentarse a la mesa en un lugar propio, junto con los demás integrantes de la familia, favorece la construcción de su sí mismo, así como ayuda a ir reconociendo que los  demás también tienen un lugar propio y singular.

 

Favorece el desarrollo motriz:

Los niños van ensayando y confiando en sus propias habilidades  motrices al manipular los cubiertos (siempre con el debido cuidado del adulto).

Generalmente disfrutan de  participar  de poner la mesa y –cuando es posible-  también de cocinar juntos.

 

En el contexto del encuentro cálido y afectuoso también se propicia una relación positiva con la comida 

Pueden ocurrir obstáculos para que el encuentro en la mesa familiar sea adecuado:

  • Estar poco disponibles para el diálogo.
  • Cuando desde el lugar del adulto no se regula y calma la ansiedad.

 

Cada familia irá construyendo su propia forma de encontrarse alrededor de la mesa para compartir la comida, cuyos beneficios perduran para todos sus integrantes.

 

 

Bibliografía consultada:

Clínica Tavistock (1992) “Comprendiendo a tu hijo…” (Psicología Evolutiva desde el nacimiento a los 20 años) Ed. Paidós  Bs.As.

Winnicott, D.   –  (1979) “Realidad y juego” Ed. Gedisa, Barcelona.
–   (1993)  “Conversando con los padres” Ed. Paidós Bs.As.       

 

Películas recomendadas para los padres:

Las siguientes películas para adultos, refieren a la importancia de la comida en el vínculo humano:

“La fiesta de Babette” (Dinamarca 1987)
“Comer, beber, amar” (República de China 1994)

 


 

Una experiencia de exploración personal de contextos

Visitas al “Museo Nacional de Artes Visuales” por parte de los niños de cuatro años

Es un día lluvioso y veinte niños con su maestra, ayudante y directora emprendemos un paseo. Aunque son sólo unas cuadras decidimos ir en camioneta. Vamos al “museo del barrio”.
Previamente hemos conversamos ¿saben qué es un museo? Existen ideas y experiencias previas ya que muchos niños han concurrido con sus padres o abuelos a visitar algún museo en el Día del Patrimonio o en otras circunstancias. Otros niños no tienen idea. Les contamos que en el que vamos a visitar se encuentran expuestas muchas producciones plásticas de artistas uruguayos; en general son pinturas.

Conversamos sobre las reglas de los museos con sus visitantes a los efectos de preservar las obras y permitir que todos disfruten tranquilamente de ese maravilloso espacio. Realizamos un “contrato” con los niños. Se acuerda el espacio en el que podrán explorar (límites físicos), las formas de comportamiento adecuadas (el hablar y caminar muy suavemente) y algo fundamental, las obras no se pueden tocar ya que con el tiempo se dañarían. Dentro de esos parámetros –necesarios- podrán desenvolverse libremente, recorrer y detenerse en lo que deseen. Sobre el tiempo a utilizar realmente nosotros no lo podemos definir (calculamos veinte minutos, tal vez media hora … lo determinarán los propios niños)

Llegamos…Hay mucha expectativa y emoción. El lugar es inmenso, llama la atención el edificio,  su entrada con un entorno en el que se encuentran esculturas y otros objetos interesantes; los dejaremos para después de la recorrida por el interior del museo si llegado ese momento persiste el interés y las preguntas que están manifestando los niños.
Al entrar impresionan la amplitud de los espacios, la iluminación, el ambiente deslumbrante.

Los tres adultos nos distribuimos en zonas distintas en las dos grandes salas de la planta baja (espacio acordado). De esta forma podremos observar el cumplimiento de las reglas y responder a preguntas o comentar en forma personalizada.

Ni bien entramos, se conforma una “multitud”; unos quince niños se encuentran frente a un cuadro de grandes dimensiones y durante varios minutos permanecen como“hipnotizados”, se los ve impresionados comentando entre ellos. No nos sorprenden, es “La Fiebre Amarilla” de Blanes. Debemos responder preguntas, muchas preguntas. Este es el comienzo del viaje, los cuadros “parecen fotos”. Luego la recorrida será por diferentes estilos y épocas.

Debo conversar con una cuidadora que cuando comienza el recorrido observamos se inquietó de que salieran “solos”;  me dirijo a ella a explicarle qué vamos  a hacer, le digo que ya lo hemos realizado en otras oportunidades, que no se preocupe. Una maestra había dicho “yo creía que no los iban a dejar”. Por suerte sí los dejaron.

A partir de allí la mayoría de los niños se desplazan en pequeños grupos de dos o máximo tres. Algunos se aventuran solos, interactuando en forma intermitente con otros niños. Disfrutan su libertad y se mueven por la gran sala respetando todo lo establecido. Sorprenden a otros visitantes del museo, a otros adultos que los observan.

(Dos de los veinte niños en los primeros minutos patinan y se tiran al suelo. Lamentablemente se pierden mucho tiempo de la visita ya que no han cumplido lo acordado. Sin protestar se sientan en la entrada mientras ven largo rato a sus compañeros explorando las obras y espacios. En los últimos minutos les ofrezco la oportunidad de no perderse aunque sea un poco. Agradecidos salen a recorrer y realmente lo hacen muy bien.)

El tiempo vuela y hemos tenido que subir -a pedido de los niños- a la planta alta. Un profesor de secundaria está dando clase a sus alumnos. Los nuestros no se dejan notar, no perturban en absoluto la actividad. Sorprende el interés de muchos por algunas pinturas de carácter abstracto y basadas en formas geométricas.

Ante la consigna sugerida de “a ver cuales son tus dos preferidas”, casi todos se interesan muchísimo en mostrarnos sus elecciones, varios deciden “ver bien” antes de elegir, recorrer nuevamente para asegurarse. Se ven parejas o grupos comentando bajito y llevándose entre ellos a mirar, a mostrarse mutuamente sus preferencias. Se nos acercan, nos hacen señas llamándonos. Hoy, la mayoría se ha inclinado por Torres García y  Amalia Nieto,   más que por Cúneo y sus lunas u otros pintores que exponen en la planta alta del museo.

Entre anécdotas, comentarios y respuestas se ha ido mucho más tiempo del pensado. Es hora de regresar. Antes de salir … nuevamente los veinte frente a “la Fiebre Amarilla” ¡era de esperar!. Una vez afuera accedemos a observar las esculturas del patio del museo y el mural en granito de Torres García. Descubro en el entorno muchas cosas en las que yo no había reparado. Regresaremos a la escuela pero prometemos volver.

Han pasado algunos días (unas dos semanas) y la bibliotecóloga de la escuela, Ana de Souza, me habla sorprendida:

-Martha, te quiero contar. Vinieron niños de cuatro años a pedirme para ver libros de pintores. Me sorprende cómo han relacionado las obras de los libros con las que han visto en el Museo, cómo se han acordado. Algunos niños me decían ¿tenés un libro de Torres García? ¿tenés de Blanes? ¿tenés el de las lunas?. Nunca me había pasado ¡niños de cuatro años! se acordaban de nombres de pintores que a veces ni los grandes!. Lamentablemente cuando la inundación de nuestra biblioteca perdí mucho material … pero voy a tener que comprar más.


En la Biblioteca de la Institución

Niños de 3, 4 y 5 años

Un objetivo central en la etapa preescolar es “la formación del perfil lector “. En este sentido familia e institución educativa nos complementamos aportando posibilidades y recursos al disfrute e interés del niño por el texto escrito.

En el preescolar la actividad cotidiana de lectura en clase, por parte del maestro o de los niños cuando miran libros, se complementa con la concurrencia sistemática a la biblioteca “de los grandes”.

Da gusto ver a lo pequeños recorriendo con su mirada los estantes y deteniéndose en un libro que ha resultado interesante. Entonces se dirigen a una mesa donde “leen” ese libro, que puede ser un cuento, una enciclopedia sobre el cuerpo humano, tratar sobre los planetas, ser un libro de arte o un atlas de geografía … Así van enriqueciendo sus experiencias e incursionan en nuevas posibilidades que generan preguntas e intercambios con los adultos y entre los propios niños.

Los maestros estamos atentos a responder a sus preguntas y los niños van descubriendo cómo, en esas “manchitas negras”, los adultos leemos y encontramos respuestas.

Los niños saben que la biblioteca, como todos los lugares, tiene sus propias reglas. Hemos acordado: hablar bien bajito, no hacer ruido al desplazarse o con las sillas, devolver los libros a su lugar original y si no lo recuerdan a una mesa específica destinada a este fin, leer apoyando adecuadamente el libro en la mesa y pasar con mucho cuidado las hojas.

Generalmente antes de despedimos escuchamos una hermosa narración o lectura de un cuento por parte de las bibliotecólogas Ana de Souza o Mariana Tabasco, quienes además, durante la visita, ponen todo su esfuerzo en buscar los materiales que frecuentemente solicitan los niños. A ellas nuestro agradecimiento.

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