|
|
El pasado 6 del presente mes dejó de existir nuestro querido Maestro Roberto Milano. Los que hoy componemos la gran familia del Latino tenemos la triste tarea de despedir a nuestros pioneros. En abril del año pasado se fue Carrasco, uno de los fundadores, y en este frío julio despedimos a Milano, vinculado a la institución desde hacía más de medio siglo.
En diciembre de 1947 un joven maestro recibía su anillo de graduación de manos del entonces Presidente de la República, Luis Batlle Bérres. Integrante del “Movimiento por la Escuela Nueva”, un espacio de reflexión que se prolongó hasta fines de los años 50, que hacía hincapié en el desarrollo psicológico del niño y en las instancias de expresión y creatividad, fue por medio de su participación en este movimiento que hacia 1955 conoció a Juan Carlos Carrasco, un renovador intelectual que compartía estos postulados desde el incipiente campo de la psicología.
Cuando el colegio abrió su ciclo primario en 1960, Milano fue convocado para hacerse cargo del grupo de segundo año. Cuatro años más tarde alcanzaba la dirección del sector, merced a su espíritu inquieto, afán de colaboración y constante interés en actualizar la tarea docente. Al mismo tiempo, continuó con su trabajo en la educación pública, en donde fue durante algunos años director de la Escuela N°193 “José Luis Zorrilla de San Martín”, ubicada en la calle Miguel Barreiro del barrio de Pocitos.
La salida al exilio de los fundadores del colegio, Juan Carlos Carrasco y Mauricio Fernández, en julio de 1972, obligan a que Milano tome responsabilidades a nivel del Consejo Directivo, para asegurar la sobrevivencia institucional en horas tan difíciles para todo el país. Junto al Dr. Roberto Méndez Rivas, José Luis Cayota, Olga Cancela de Cola y tantos otros tuvieron el desafío de mantener la llama encendida.
Pero en 1976 el gobierno de facto lo destituye de la escuela pública e inhabilita para ejercer la docencia en la educación privada. Es entonces que el colegio lo nombra Director de Administración. Todos sabían que era una forma de que siguiera en la institución, pese a que no podía ingresar a clase. Más de una vez alguna inspectora, al verlo en los corredores, le recordó que no podía estar allí, a lo que invariablemente respondía que no tenía prohibidas las tareas administrativas …
Milano fue un pilar en esos años oscuros, y al decir de Olga Cancela, subdirectora de la escuela en esos años, “el salvador del colegio, totalmente insustituible”. Recuperada la democracia en 1985 y con la vuelta de Carrasco a la institución, ambos son nombrados directores generales.
Nuestras primeras conversaciones cuando ingresé al Latino en el ´95 tuvieron un punto de contacto en una común afición por la Historia como disciplina. Y en ocasión de la investigación encarada con vistas a la elaboración del libro del cincuentenario de la institución, fue un interesado colaborador brindando datos muy valiosos, sugiriendo entrevistados y recordando acontecimientos que marcaron su historia.
Bonachón por naturaleza, era habitual verlo en el patio, en contacto con padres, docentes y alumnos, siempre dispuesto a escuchar a todos y dar una mano al que la precisara, sin renunciar nunca a su fino humor y trato amigable.
En los últimos años su salud deteriorada fue restringiendo su presencia en el colegio. No obstante, recién a fines de 2009 dejó de asistir a diario, sin abandonar su puesto en las reuniones del Consejo Directivo, a las que siguió concurriendo. Recibió dos homenajes en vida, como los mismos deben realizarse, cuando en abril de ese año uno de los edificios de la institución fue bautizado con su nombre, y en setiembre de 2010, por sus cincuenta años en el Latinoamericano.
En el momento de su partida física, lo recordamos teniendo presente sus palabras en ocasión de los cuarenta años de nuestro Latino: “Hoy hacemos un alto, recuperando un instante de nuestro pasado y mientras fluimos en trabajos y compromisos hacia un futuro, al que apostamos”.
Prof. Alejandro Giménez Rodríguez
|
|
|
Roberto:
La distancia no es distancia si anida en el corazón el mejor sentimiento.
La ausencia no es ausencia si quedan los recuerdos, la sabiduría y las experiencias compartidas.
La partida no es partida siempre que el que se va haya podido transmitir algo de su esencia.
El dolor se suaviza con un gesto, una mirada, el sentir que desde el otro lado hay alguien que te mira, te reconoce, te siente.
Tú estás acá, en cada uno de nosotros, en cada niño, en cada maestro, en cada padre, acompañándonos con tu mirada.
Maestro, estás en todos y en cada uno de los que te acompañamos por años, por meses, por pequeño que haya sido el encuentro.
Eres Maestro entre los maestros y tu figura se engalana cada vez que se te nombra o simplemente se te piensa.
Mary
De toda la riqueza de Milano, me gustaría destacar dos o tres aspectos que en lo personal valoro enormemente.
Conocí a Milano hace casi cinco años y aunque él ya tenía más de ochenta, siempre me cautivó su mirada de niño curioso, la que nunca perdió, la que le permitió disfrutar intensamente de la vida, de las artes, de las ciencias, de la política y de todo cuanto pudiera ser objeto de conocimiento.
Fue un hombre con un gran humor que le permitía reírse con los otros incluso de sí mismo. Y esto, para mí, también habla de una capacidad de autoconocimiento y de conocimiento del ser humano en general bien interesante.
Destaco su luminosidad y fortaleza. Por ello me parece tan oportuna la elección del árbol que lo representará y lo homenajeará en nuestro patio latino: el lapacho amarillo. Necesitaremos paciencia para verlo crecer y florecer. Pero como sucede con los grandes hombres, sucede con los grandes árboles. Crecen despacio para asegurar una buena sombra, una vista agradable y una buena madera. No pertenecen a este tiempo de la inmediatez y el vacío.
Pero sobre todo coincido con destacar su carácter de Maestro por antonomasia. Maestro de escuela, Maestro de vida. El que siempre está presente, en el aula, en el patio, en la puerta de la escuela, en el teatro y en el cine, en la búsqueda intelectual de soluciones a los problemas de la educación nacional y en la conversación amena, cercana con el otro.
Me congratulo de haber compartido estos años con Roberto y le agradezco tanto su compañía y su consejo. Será siempre nuestro Maestro Roberto Milano.
Leonardo
|
|
El Maestro Milano ha sido una persona que se ha mantenido presente a lo largo de los años en nuestra casa, ya que tanto la mamá y como el papá de Catalina y Julieta fuimos alumnos del Colegio.
Guillermo, papá de Catu y Juli, fue alumno en Primaria y Secundaria durante la época que Milano fue el “Director General”,[aunque de grandes, cuando volvimos como padres al Colegio, nos enteramos que oficialmente frente a las autoridades de la época era el “Administrador” (tiempos duros del país)].
Cuando del Preescolar pidieron alguna anécdota sobre él para compartir con los pequeños del Sector, Guillermo recordó sus años en Primaria. El “patio alto”, donde ahora está el Ciprés Calvo que recuerda a Carrasco, estaba lleno de mandarinos. Todos los años al llegar el otoño, los niños sacaban las mandarinas para hacer guerrillas. Milano los reunía y decía que dejaran que maduraran en el árbol para poder comerlas. Pero siempre ocurría lo mismo: al volver de las vacaciones de semana de Turismo, las mandarinas habían sido retiradas por el personal del Colegio y las guerrillas terminaban...
Otro recuerdo infantil es que en aquellos años los alumnos concurrían al Club Biguá para realizar Ed. Física y se hacía uso de los vestuarios para bañarse. Era frecuente quedarse largos ratos en la ducha, mientras la camioneta esperaba para volver al Colegio. Entonces Milano una y otra vez apelaba al criterio de sus alumnos recordándoles que se trataba de un “baño higiénico” y que jugar en la ducha no correspondía, etc., etc.
Es así como hasta el día de hoy en nuestra casa para referirnos a una ducha rápida, decimos “un baño higiénico”.
Eliana, mamá de Catalina y Julieta, no fue alumna del Sector Primaria. Sin embargo para Milano, siendo alumna de Secundaria, ella era una cara conocida. Y cuando años después nos encontramos en más de una oportunidad con él por el barrio del colegio caminando, o incluso en alguna playa durante el verano, nos reconocía y daba un abrazo enorme a ambos. Es increíble la memoria que siempre demostró de rostros, apellidos, individualidades de cada familia.
Como funcionaria del Colegio, es posible recordarlo en infinidad de situaciones. Pero, para sintetizar su presencia a diario en la vida escolar, vale decir que hasta el último día de trabajo administrativo de diciembre del 2010 él estuvo presente entre nosotros y que en el encuentro de despedida que compartimos el personal docente del Sector Primaria, Milano asistió y nos trajo de regalo libros de reciente publicación para que durante las vacaciones, las maestras nos recreáramos en la lectura porque, como nos dijo, no sólo sobre pedagogía y didáctica es necesario que leamos los Maestros.
Con mucho cariño, Flia. Gossweiler-Sánchez
|
|
|
|
|
|