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Roberto:

La distancia no es distancia si anida en el corazón el mejor sentimiento.

La ausencia no es ausencia si quedan los recuerdos, la sabiduría y las experiencias compartidas.

La partida no es partida siempre que el que se va haya podido transmitir algo de su esencia.

El dolor se suaviza con un gesto, una mirada, el sentir que desde el otro lado hay alguien que te mira, te reconoce, te siente.

Tú estás acá, en cada uno de nosotros, en cada niño, en cada maestro, en cada padre, acompañándonos con tu mirada.

Maestro, estás en todos y en cada uno de los que te acompañamos por años, por meses, por pequeño que haya sido el encuentro.

Eres Maestro entre los maestros y tu figura se engalana cada vez que se te nombra o simplemente se te piensa.

Mary

 

De toda la riqueza de Milano, me gustaría destacar dos o tres aspectos que en lo personal valoro enormemente.

Conocí a Milano hace casi cinco años y aunque él ya tenía más de ochenta, siempre me cautivó su mirada de niño curioso, la que nunca perdió, la que le permitió disfrutar intensamente de la vida, de las artes, de las ciencias, de la política y de todo cuanto pudiera ser objeto de conocimiento.

Fue un hombre con un gran humor que le permitía reírse con los otros incluso de sí mismo. Y esto, para mí, también habla de una capacidad de autoconocimiento y de conocimiento del ser humano en general bien interesante.

Destaco su luminosidad y fortaleza. Por ello me parece tan oportuna la elección del árbol que lo representará y lo homenajeará en nuestro patio latino: el lapacho amarillo. Necesitaremos paciencia para verlo crecer y florecer. Pero como sucede con los grandes hombres, sucede con los grandes árboles. Crecen despacio para asegurar una buena sombra, una vista agradable y una buena madera. No pertenecen a este tiempo de la inmediatez y el vacío.

Pero sobre todo coincido con destacar su carácter de Maestro por antonomasia. Maestro de escuela, Maestro de vida. El que siempre está presente, en el aula, en el patio, en la puerta de la escuela, en el teatro y en el cine, en la búsqueda intelectual de soluciones a los problemas de la educación nacional y en la conversación amena, cercana con el otro.

Me congratulo de haber compartido estos años con Roberto y le agradezco tanto su compañía y su consejo. Será siempre nuestro Maestro Roberto Milano.

Leonardo