Gracias
Leonardo Pastorino, Carina Giercowski,
Anita Valdez, Cecilia Rangoni,
Marina Bonnet, Sergio Trías,
Paula Soca, Federico Palomeque,
Andrés González, Martín Freire,
por sembrar, durante tanto tiempo,
la semilla de Kurupay.
En un mundo donde la inmediatez, donde el mirarse a uno mismo parece ser más importante que todo, donde la frustración y el cansancio parecen estar en primera plana siempre, el Latino aceptó promover y consolidar un espacio en busca de mejorar el mundo que nos rodea y la vida de quienes nos encontramos en el camino. Utopía central del proyecto social y el combustible que le permite funcionar.
El proyecto busca trabajar sobre valores fundacionales del Colegio como libertad y justicia social, poniendo el eje en el desarrollo integral de los estudiantes, “(…) para ser un hombre libre, en primer lugar es necesario tener la capacidad para poder percibir la realidad, para poder pensar el mundo que lo rodea a uno con justeza y precisión; quiero decir capacidad de pensar en el sentido, de capacidad de reflexionar sobre ese mundo”. (Carrasco, 2006, p. 45)
Este artículo explora las motivaciones detrás del proyecto, antecedentes del mismo, las actividades implementadas y el impacto tangible que ha generado en sus primeros seis meses de desarrollo.
“Yo recomendaría a más gente participar de Kurupay, es un gran espacio. Primero para aprender de otras realidades, y después también divertirse y disfrutar. Los espacios que habilita Kurupay son muy lindos, además de estar super cuidados y tener un tremendo equipo que te acompaña en todo. A mí la verdad que me encanta ir y planeo seguir este año y el siguiente si es posible, lo recomiendo completamente”. (Lúa Erramuspe, alumna de 5° año).

Históricamente se han generado espacios de encuentro con otras instituciones, de trabajo compartido y de aprendizaje adquirido. La horizontalidad, la mirada, la escucha y el desafío de enfrentarse a lo “nuevo” siempre fueron los motores de funcionamiento.
Según documentaciones, se observan proyectos escritos y/o referenciados desde el año 2011 (aunque en años anteriores ya se habían llevado adelante acciones como Entrevistas a la Realidad y encuentros en instituciones como La Huella o un Hogar de INAU -INAME en aquellos tiempos-).
Desde el año 2011 hasta el 2019 se realizaron diferentes proyectos, pero ninguno llegó a consolidarse más allá de las muy buenas experiencias vividas junto a nuestros alumnos. Programa PROPIA de INAU, proyecto “Colibrí”, proyecto Oruga, Tutoría entre pares, Movimiento Opaité, fueron encuentros en diferentes zonas de Montevideo y trabajos en el interior del país. La Unión, Villa Española, Casavalle, Ciudad Vieja, Parque Rodó y hasta Soriano (con el tornado que azotó ese departamento hace unos años) llevó al Colegio a trabajar, conocer y aprender de otras personas e instituciones. Todo en base a impulsos individuales o grupos pequeños, siempre con apoyo institucional, que no llegaban a concretarse o ensamblarse como el proyecto lo ameritaba. A fin de año se diluía.
El año 2023 tendría un giro importante para el futuro del proyecto. Charlas con alumnos debajo del roble derivaron en la necesidad de volver a retomar estos espacios, los cuales, durante y post pandemia, habían dejado de funcionar. Tres instituciones confiaron y abrieron sus puertas y cerca de cuarenta adolescentes se sumaron a la propuesta. Participación que no mermó durante el transcurso del año, y la cual terminó con un pedido especial: continuar al año siguiente.
Las siguientes palabras de Lucía Perchman, alumna de 5to año en el 2024, son un ejemplo de lo referido en el párrafo anterior (cabe destacar que este año se encuentra participando de cuatro territorios en el proyecto):
“Yo creo que la experiencia resignificó totalmente múltiples perspectivas de mi vida. En primer lugar considero que fue una experiencia muy enriquecedora tanto de manera académica como social y recreativa. Además, en el proceso me ayudó a orientarme a lo que quiero hacer en mi futuro, asegurando que este se dirige principalmente al lado social. Por fuera de mí misma, me parece que este tipo de cosas debe ser impulsada desde la institución porque creo que benefician y potencian a cualquiera, más allá de sus intereses a futuro.
Por supuesto voy a continuar en el año siguiente en este proyecto y como sugerencia diría que estaría bueno que la institución dé más a conocer el espacio estando más presente en la diaria del proyecto, logrando así que los alumnos tengan más en cuenta el espacio”. (Lucía Perchman, alumna de 5° año)
El impacto positivo en los alumnos, sumado a la sistematización y la aprobación de lo trabajado de parte de la Dirección de Secundaria y a la confianza del Consejo Directivo, permitió, para el 2024, el nacimiento del proyecto social del Colegio y Liceo Latinoamericano denominado Movimiento Kurupay.

El vínculo de un proyecto social sólido del sector de secundaria se relaciona, rápidamente, a componentes u objetivos previstos para el Colegio Latinoamericano. Ser integrador con lo que sucede curricularmente en los distintos niveles del sector y trabajar sobre el concepto de ideología planteado por uno de sus fundadores. Saber contribuir a la formación de futuros ciudadanos, pero por sobre todo, saber contribuir a la formación de personas libres, logrando evitar percepciones anticipadas sobre realidades sociales a las cuales nuestros estudiantes generalmente no acceden. “(…) para ser un hombre libre se ha de ser capaz de efectuar opciones que sean coherentes con uno mismo; hacer opciones coherentes con lo que uno piensa y lo que uno siente. (…) tener la posibilidad de transformar lo que hay que transformar del mundo que nos rodea en virtud y en función de lo que pensamos”. (Carrasco, 2006, p.48).
Movimiento Kurupay se ha convertido en una base sólida para que los jóvenes se acerquen a un aprendizaje diferente, estableciendo relaciones fraternas con personas de variadas franjas etarias en barrios e instituciones desconocidas para ellos, relaciones de respeto hacia el otro, de horizontalidad, sin ningún tipo de rivalidad al relacionarse. Desarrollando actividades prácticas y emocionales, además de potenciar dos sentidos que actualmente están casi en desuso: el aprender a observar y el aprender a escuchar. Observar más allá de uno, escuchar más allá de mi pensamiento y mis ideas.
“La solidaridad horizontal parte no sólo del reconocimiento y la valoración más profunda de la identidad y dignidad del otro, sino también de la aceptación realista de que aún en situaciones de gran diferencia de recursos económicos o culturales, todos tenemos algo que recibir y aprender de los demás, todos somos capaces de dar y recibir, y que -aún en situaciones de gran disparidad de conocimientos académicos- siempre hay algo que ignoramos de la realidad del otro, algo nuevo que nos puede enseñar”. (CLAYSS, 2017, p.24)
Al lograrlo notan cómo la relación se modifica, entienden que han sido “aceptados” y ambas partes comienzan un nuevo proceso de aprendizaje. Un proceso de socialización que los forma y prepara para una mejor inserción a la sociedad a la que pertenecen.
“(…) Para mí Kurupay es un espacio nuevo y desafiante, que me hace ser parte de un movimiento muy lindo, y en el que aprendemos cosas muy importantes y fundamentales de la vida, el ayudar, el conocer, el acompañar. Tanto los días viernes como los jueves en los que participo en el taller infantil, me llevo cosas nuevas y aprendizajes que sé que me van a servir para toda la vida, son cosas que uno no aprende en el liceo ni que sabe de antemano, sino que hace falta vivirlo para poder conocer ese lado de la vida”. (Ema Risso, alumna de 6° año)
Afinar la mirada, aprender a mirarse y a mirar hacia afuera, conocerse aún más, a sabiendas de que conocernos en nuestra totalidad es un desafío difícil de concretar, ayuda a entender qué nos falta y qué nos acerca a los demás, ayuda a aprender junto a los demás.
“(…) lo que puedo destacar de Kurupay es que sin dudas me dió la posibilidad de conocer y aprender de realidades que son muy distintas a la mía. Por fuera de la parte académica de ayudar a las personas que van con deberes o ejercicios, lo que más me llevo es el vínculo que he logrado establecer con el lugar.” (Lúa Erramuspe, alumna de 5° año)
En gran medida este es el gran objetivo de Kurupay, crecer aprendiendo junto a los demás, compartiendo, conociendo, entendiendo y disfrutando del encuentro con el otro. Otro que, en situaciones de vida diferentes a las nuestras, nos enseñan y nos ayudan a conocernos y replantearnos encuentro tras encuentro. En palabras de Carina Giercowski, presidenta del Consejo Directivo y parte de la dirección general del Colegio, “El proyecto social tiene dos miradas, una es la que uno puede ayudar y lo importante que es ayudar a otro porque estás ayudando y el que recibe se siente beneficiado, y después la otra es la ayuda que le haces a cada alumno por fomentar sentimientos y valores que se pueden vivenciar dentro de un proyecto social (…)”.
Kurupay ha crecido a pasos agigantados en estos primeros 6 meses de funcionamiento. El principal ejemplo es la participación de aproximadamente 140 alumnos del Latino y 120 personas de los territorios a los que se concurre.

Comenzó creándose el equipo de trabajo con Alejandro Di Lorenzi y Agustina Mutio en la dirección, Fernando Lacava en la coordinación y participación en territorio junto a Maite Collazo, Micaela Moreira y Marcel Birnfield, sumándose la comunicación con el trabajo de Camila Calandra y Catalina Zurmendi (alumna egresada en el 2023, quien se encuentra estudiando en la FIC en este 2024).
Definido el equipo se decidió la forma de trabajo, con cuatro ejes distintos entre sí en cuanto a funcionalidad pero conectados en objetivos: territorio, formación, comunicación y campañas.

Territorio y formación se dividió en dos ejes: por un lado noveno de EBI y por otro bachillerato.
El trabajo con noveno tiene carácter obligatorio porque se entiende que es una edad ideal para comenzar a comprometerse con realidades sociales diferentes a las vividas en el día a día. Su participación consta de ir a territorio (1) – ONG “Por los niños uruguayos” en Carrasco Norte – y de trabajo en clase en las unidades curriculares Acción Social y Participación Juvenil.
En bachillerato el trabajo es voluntario. Participan del territorio, planifican y reflexionan en equipo un día de la semana en la Extra Q del proyecto social y tienen encuentros temáticos y formativos con profesionales que concurren una vez al mes a trabajar con ellos.
Los territorios donde se participa son: la ONG “Por los niños uruguayos” (en Carrasco Norte), el Taller Infantil (en Barrio Sur), la Red de Corazones Contentos (red que contiene 9 ollas populares y queda en Carrasco Norte) y el proyecto Escuela Vinculadas, trabajando con la escuela n° 151 “Albert Einstein”.
Otros encuentros semanales de los que participan los jóvenes del Latino son: apoyo escolar con niños de 5° y 6° de primaria, encuentros con adultos para que aprendan a leer y escribir o se animen a dar la prueba para acreditar primaria o ciclo básico, generación de un espacio lúdico expresivo con edades entre los 5 y los 12 años, llevar adelante un espacio de sensibilización musical con alumnos de 1° de escuela y cocinar cerca de 800 viandas para nueve ollas populares.
Es de valorar y destacar el compromiso de los alumnos que participan de los territorios: no tienen inasistencias y su adaptación ha sido formidable. Tomándose un tiempo para conocer los espacios, de a poco y con mucha seguridad, han realizado planteos y sugerencias que mejoraron el funcionamiento de los diferentes proyectos.
Junto al equipo de comunicación del proyecto se dotó a Kurupay de una identidad que se entendía necesaria para el compromiso de todos. Mediante votación se eligió el nombre del movimiento. Las otras propuestas que no fueron finalmente elegidas, todas planteadas por los alumnos, eran Movimiento Papilio, Latino en Movimiento y Movimiento Timbó. Mediante votación también se definió el logo de Kurupay (en esta oportunidad se sumó el equipo de Lateral, quienes junto al grupo de alumnos del área de comunicación del proyecto pensaron en tres opciones de logos diferentes).
Logrados ambos objetivos, el trabajo pasó a identificar las mejores formas de dar a conocer a Kurupay: Instagram, podcast y comunicaciones oficiales son y serán las vías de comunicación del movimiento.
Se idean según necesidades de los territorios a los que concurrimos.
A principios de año se organizó un cine en el Latino para alumnos de 3°, 4° y 5° de primaria donde la entrada era una mochila o un libro. A mitad de año se llevó adelante la campaña del abrigo, en la cual, gracias al compromiso de toda la comunidad del colegio, logramos recolectar 22 bolsas de abrigo, las cuales fueron derivadas a Aldeas Infantiles de Paysandú.
Estas campañas son positivas, especialmente por dos aristas: por la visualización de las familias del colegio sobre el trabajo que realizan los adolescentes de Kurupay y porque permiten participar de estos encuentros a los alumnos que quieren ser parte de la ida semanal a territorio pero no les es posible por otras actividades que tienen en su vida personal.
El proyecto social no es un proyecto que solo trabaja en el “afuera” o en los otros, sino que internaliza y contribuye a desarrollar la libertad interior como idea reguladora de nuestros actos. Libertad interior que ayuda a percibir objetivamente la realidad, sin sentir condicionamientos impuestos por otras personas.
Esto se trabaja desde el rol de protagonistas que tienen los jóvenes dentro de Kurupay, se enfrentan a territorios y personas nuevas, se cuestionan, piensan y toman acción. Todo lo que sucede en Movimiento Kurupay depende de ellos, haciéndolos sentir presentes y responsables.
Para ello se busca acompañar el encuentro con ellos mismos y con los demás, en el descubrimiento de nuevas capacidades y potencialidades, entendiendo e identificando sus limitaciones, aprendiendo a mirar y escuchar de forma respetuosa, asumiendo que el error permite mejorar, ejercitándose para decir su sentir en los momentos precisos, todo trabajado sobre el proceso que realizan individual y colectivamente, con la reflexión siempre presente y la posibilidad de plantear sus dudas e interrogantes, proponiendo alternativas y mejoras para que el intercambio sea constructivo. Reduciendo, de esta manera, la distancia entre la realidad sabida y la realidad vivida.
“(…) Kurupay nos hace conocer distintas historias, a veces muy difíciles, pero que gracias a las propuestas que llevamos y la alegría y cariño para dar a los demás, hacemos que sean más fáciles de llevar. Para mí estaría increíble que todos los adolescentes se dieran el espacio de ser parte del Movimiento Kurupay, y de desafiarse a conocer un poco más sobre las personas y las vidas de cada una de ellas”. (Ema Risso, alumna de 6° año).
Quienes referenciamos el espacio nos sentimos felices por lo que se viene trabajando y motivados por lo que vendrá. Todo gracias a una fuerza arrolladora que no permite quedarse atrás: los alumnos y alumnas del Colegio y Liceo Latinoamericano.
“Soy alumna del Latino desde que tengo 2 años. Pasé por diferentes grupos, maestras, amigos, profesores, reformas y todos los cambios posibles en 15 años; se podría decir que he visto muchos Latinos, pero curiosamente yo lo veo igual que siempre. No entiendo cómo ni porqué, pero el Latino en esencia en todos sus cambios, no cambió. Desde que empezó Kurupay entendí porqué. Kurupay para mí, significa la encarnación de una esencia, de una naturaleza que vive en el Latino desde que tengo memoria. Así que como “conclusión” diría que, Movimiento Kurupay simboliza para mí quince años de aprendizaje en un proyecto que, tal como se ve en su nombre y su logo, implica el movimiento y los cambios que ví pero también la esencia del Latino caracterizada no solo por un árbol como dice su nombre, sino también por su espíritu.” (Lucía Perchman, alumna de 5° año)
Muchas gracias.

(1) Ir a territorio: consiste en concurrir a las diferentes instituciones con las que estamos vinculados.
Referencias
