Desde hace unos años nos encontramos repensando las dinámicas de aula con una idea clara: aprender no es un camino individual, sino un proceso colectivo.
Eso nos llevó a desarmar los formatos más tradicionales, a abrir el aula para que el conocimiento circule y los vínculos se vuelvan parte esencial del contenido. Las maestras y maestros ya no se conciben como “docentes de un solo grupo”, sino como parte de una red de enseñanza compartida.
Este modo de trabajo no está libre de desafíos, pero nos regala algo muy valioso: la oportunidad de crear proyectos significativos, donde aprender con otros deja de ser un recurso y se convierte en un objetivo en sí mismo.

Hasta hace poco, explorábamos sobre todo el trabajo colaborativo, que invita a construir juntos desde el diálogo, la escucha y la búsqueda compartida. Pero este año fuimos un paso más allá: incorporamos también el trabajo cooperativo, que suma organización, roles definidos y responsabilidades individuales dentro del esfuerzo grupal.
Hoy nuestros proyectos combinan ambas formas de aprender: colaborar y cooperar, compartir y planificar.

En sexto año decidimos dar un paso extra y preguntarnos:
¿Qué pasa cuando los estudiantes no solo aprenden juntos, sino que también evalúan juntos?
Así nació el proyecto “El Latino en territorio”, dentro del marco institucional de Latino ambiente. Los grupos investigaron temas complejos vinculados con la sustentabilidad: desde basurales endémicos y microplásticos, hasta deforestación, sobrepesca y contaminación.
Cada equipo elaboró infografías que no solo informaban, sino que también buscaban sensibilizar y generar esperanza con propuestas de alternativas sustentables. El resultado fueron producciones llenas de creatividad, conciencia y compromiso.

Otro de los aspectos centrales fue la evaluación. Esta vez no se trató de una calificación externa, sino de un proceso compartido de autoevaluación y coevaluación. Los estudiantes diseñaron sus propias rúbricas, reflexionando sobre qué se esperaba del trabajo, cuáles eran los niveles de logro posibles y cómo podían mejorar.
Al hacerlo, desarrollaron metacognición, pensaron en cómo aprenden y descubrieron sus fortalezas y dificultades. Y, lo más importante, se sintieron protagonistas de su proceso de aprendizaje, con un mayor sentido de pertenencia y compromiso.
Agradecemos la participación en este trabajo a las maestras Ana Laura Fraga, Claudia Porrini, Sofía Vacca y Maite Pardo.