Escala Montevideo


Compartimos un artículo escrito en 2013 por nuestra querida compañera Martha Delgado, Directora de Preescolar en ese momento, y a quien recordamos con mucho cariño. 

Fruto de una investigación efectuada por los psicólogos Juan Carlos Carrasco y Mauricio Fernández, surgió la construcción de una escala de desarrollo de la pintura para la edad preescolar.

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El Taller de Pintura: un espacio de libertad

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Un grupo de niños de cuatro años ha ingresado al taller. En él se hallan dispuestos seis caballetes dobles con sus potes con agua en el centro y la huevera en cada uno, que contando con algunos espacios vacíos, tiene pintura roja, verde, amarilla, azul, blanca y negra. Al entrar, los niños naturalmente escogen un pincel y directamente van hacia un caballete donde los espera una amplia hoja blanca. 

La docente y la ayudante del taller están atentas a sus necesidades. Es maravilloso poder observar cómo cada hoja y huevera se pueblan de experimentos, comentarios, silencios, colores, formas, mezclas. Son descubrimientos que se comparten. Un niño dice, “hice anaranjado” y una niña llena de curiosidades le pregunta: “¿cómo hiciste?”. 

El ambiente es divertido, se siente una paz esencial. De pronto un niño se acerca a la tallerista: “terminé”, “¿querés pintar otra?”. “No, me quiero lavar”.

La pintura que ya se haya identificada con el nombre del niño y la fecha es transportada hacia los secadores. 

Ana Clara (la ayudante de taller) ya se encuentra preparando las hueveras para otro grupo que vemos bajar las escaleras, acercándose desde el exterior prontos para ingresar al taller.

Mientras varios niños han ido dejando el pincel y se están lavando las manos, algunos aún se hallan concentrados en sus creaciones. Está ingresando el resto del grupo y comparte el lugar con dos compañeros que todavía se hayan pintando. Como siempre ocurre, prima el silencio interrumpido a veces por algún comentario que los adultos disfrutamos muchísimo y la docente en ocasiones registra. 

Uno se quedaría horas en este espacio que siempre es grato visitar. Allí vemos como todos los niños del preescolar se apropian del lugar, desde los más chiquitos que tienen un año y medio, hasta los más grandes de cinco que cada semana cuentan con su tiempo en el taller.

Es un tiempo privilegiado donde se respira aquello que padres y docentes deseamos encontrar.

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Haciendo historia

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“El valor y el cultivo de la expresión en el taller busca abrir fronteras individuales; facilita y propicia la comunicación al mismo tiempo que vale como tránsito hacia progresivos grados de libertad personal, fortaleciendo los vínculos grupales y la propia personalidad”. Profesor Juan Carlos Carrasco  (Memorándum, Un documento para la discusión). 

En el año 1956 comienza a funcionar el Primer Instituto de Formación Preescolar. En ese entonces concurrían niños de distintas partes de Montevideo. En general, hijos de universitarios que perfectamente conocían y valoraban a quienes llevaban adelante este emprendimiento. 

El Taller estuvo presente desde el comienzo. Nuestros fundadores, Juan Carlos Carrasco  (más adelante profesor emérito, cuyo nombre lleva hoy el Aula Magna de las facultades de psicología) y Mauricio Fernández sabían de la importancia decisiva de estos primeros años de vida y proyectaron un lugar donde los niños pudieran desarrollarse en forma saludable en un ambiente pedagógico adecuado. Conocían la importancia del lenguaje expresivo y particularmente del no verbal en esta etapa en la que la socialización, en el sentido más profundo del término, cobra un papel fundamental.

Es así que a mediados del siglo XX, cuando se poblaban las ciudades en distintas partes del mundo con guarderías, el Latinoamericano era un ejemplo de alternativa en educación.

 

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La Escala Montevideo

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La idea de libertad estuvo asociada desde el comienzo a la salud. Sabiendo que la falta de esta última condición a la primera los fundadores del instituto se ocuparon de encontrar las formas de prevenir y detectar precozmente posibles dificultades en la infancia. 

El estudio de miles de pinturas y la observación de los niños, permitió elaborar la escala Montevideo. Allí se describen las formas o estructuras espaciales que caracterizan la organización del espacio en 6 etapas entre los 18 meses y los 6 años de edad determinadas por pautas evolutivas claramente diferenciadas. Explicita las condiciones con las que debe funcionar el taller y los elementos materiales con los que debe contar.

La vocación y compromiso con el conjunto de la sociedad que marcó siempre el trabajo de Carrasco y Fernández, encontraba una herramienta idónea (por ser económica y por su valor como actividad expresiva) que podía constituir un valioso aporte a todos los niños del país al ser aplicada en los jardines de infantes, contribuyendo de esta forma a la necesaria promoción de salud. En los años siguientes, cuando nuestros fundadores debieron alejarse del país, con los necesarios ajustes, se aplicaría en escuelas de Chile, iniciándose así la investigación de esta propuesta en Holanda.

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Anécdota final

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Hace tres años me visitó una querida amiga que vive en el exterior y que hoy ya tiene más de 50 años. Pasó a buscarme por el colegio. Yo no sabía, pero me contó que cuando tenía tres años vino a Latino. Sólo por un año, ya que después no pudo seguir viniendo. Quiso recorrerlo conmigo para reencontrarse con lugares de su infancia. Ya hacía rato que había pasado la hora de salida y era de tardecita cuando salimos al exterior. En ese momento vio afuera del taller los caballetes ya guardados que esperaban, como todos los días hacía tantos años, la jornada siguiente.

Surgieron recuerdos muy intensos. Lo que realmente recordaba del Latino era el Taller. Y me dijo “yo acá venía”. “Me acuerdo de los caballetes, eran iguales a estos. “Me encantaba, me hacía bien, era un lugar muy especial”. 

“Me acuerdo de que venía y de que me gustaba pintar y que si quería lo hacía, pero también podía dejar de hacerlo. Algunos días lo que deseaba era quedarme mirando cómo pintaban los demás”. 

Y finalizó con unas palabras que resumen lo que el latino, entre otras cosas, quiere significar para quienes deciden formar parte de él. “Fue aquí donde por primera vez en mi vida, siendo tan chiquita, experimenté lo más parecido al sentimiento de libertad”..

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“El valor y el cultivo de la expresión en el taller busca abrir fronteras individuales; facilita y propicia la comunicación al mismo tiempo que vale como tránsito hacia progresivos grados de libertad personal, fortaleciendo los vínculos grupales y la propia personalidad”