Un estudiante entra a Secundaria. Tiene once o doce años, una mochila llena de cuadernolas nuevas y unas cuantas preguntas que seguramente, todavía no sabe que se está haciendo. Algunas tienen que ver con el Colegio, otras con sus amigos, con quién quiere ser, con lo que piensa y con el mundo que lo rodea. En algún momento de ese primer año en su tránsito por Secundaria, se encuentra con una frase del Himno del Colegio. La lee, la vuelve a leer y elige una palabra porque siente que, por alguna razón, habla de él. Tal vez todavía no pueda explicar del todo por qué. Sin saberlo, acaba de dar uno de los primeros pasos de un camino que lo acompañará durante toda Secundaria: el de construir su libertad interior.
¿Qué significa formar personas libres?
Para Juan Carlos Carrasco, fundador del Latino, ser una persona libre supone desarrollar la capacidad de “percibir la realidad” del modo más objetivo posible, procurando desprendernos de los prejuicios que él denomina “percepciones anticipadas”. En este proceso resulta fundamental cuestionar la ideología propia del contexto en el que vivimos, ya que la libertad implica poder tomar distancia de aquello que conocemos y damos por supuesto.
Ser libre requiere, entonces, contar con la información y el conocimiento necesarios para poder elegir de manera consciente. Esto supone pensar el mundo con precisión, reflexionar críticamente sobre él, reconocer y trabajar sobre nuestros propios sesgos y, a partir de ese proceso, realizar elecciones coherentes con lo que pensamos y sentimos. Una capacidad de estas características difícilmente pueda adquirirse mediante la simple memorización.
La libertad interior no es una definición que aparece un día en el pizarrón, se copia en la cuadernola y queda aprendida. Es un principio regulador, un concepto inacabado; necesita tiempo, experiencias, preguntas, encuentros y también decisiones. Por eso atraviesa de diferentes maneras la vida cotidiana del Latino y va tomando nuevas formas a medida que los estudiantes crecen.
En 7º, por ejemplo, el Himno del Colegio y los videos elaborados institucionalmente se convierten en una primera oportunidad para detenerse en ella. Quienes ingresan ese año comienzan a descubrir el concepto, quienes vienen desde Primaria vuelven a encontrarse con él desde otro momento de sus vidas. Eligen palabras y frases con las que se sienten representados. Se preguntan qué significan para ellos, las comparten, escuchan lo que eligieron sus compañeros y comienzan a reconocerse dentro de una comunidad. La pregunta deja de ser solamente “¿qué es la libertad interior?” y empieza a transformarse en otra mucho más personal: ¿qué significa para mí?
Un año después, algunas de esas preguntas empiezan a aparecer en escenas mucho más cotidianas, como en 8º, en donde en los espacios de Adscripción, en conjunto con Psicología, trabajan sobre la convivencialidad, el lazo social y la libertad interior. Los estudiantes se encuentran frente a situaciones posibles de convivencia y socialización: escenas que podrían ocurrirles a ellos, a sus amigos o a cualquier adolescente. ¿Qué haría yo en ese lugar? ¿Por qué reaccionaría de esa manera? ¿Cuánto de lo que hago responde a lo que verdaderamente quiero y cuánto a lo que esperan los demás? La libertad interior empieza entonces a ponerse en juego en el vínculo con otros, en la convivencia fraterna. Ya no se trata solamente de pensar quién soy, sino de descubrir cómo aquello que pienso, siento y elijo aparece cuando convivo, cuando pertenezco a un grupo y cuando mis decisiones se encuentran o desencuentran con las decisiones de los demás.
En 9º, nuevamente desde Adscripción y Psicología se abordan temáticas como el consumo de sustancias y la sexualidad, asuntos especialmente atravesados por los vínculos, las experiencias cercanas, las expectativas y los mensajes que circulan en el entorno. La propuesta no consiste únicamente en brindar información. Los estudiantes son invitados a imaginarse en diferentes escenarios, reconocer los mandatos que pueden existir alrededor de estas temáticas y preguntarse cómo quisieran actuar cuando una situación deje de ser hipotética y les toque atravesarla en primera persona. Pensarse antes de tener que decidir, reconocer aquello que condiciona nuestras elecciones. Fortalecer la autoestima, construir autonomía y desarrollar criterios propios, proponiendo la libertad interior como una herramienta para la vida.
Mientras todo esto sucede, hay estudiantes que deciden asumir otro desafío dentro del Colegio: ser recreadores. En Huitzil, el espacio de formación de recreadores de Secundaria, la libertad interior vuelve a aparecer desde un lugar diferente. Ser recreador supone tomar decisiones, asumir responsabilidades, vincularse con otros y descubrir que incluso las acciones más cotidianas dicen algo de nosotros. Por eso, en su recorrido se invita también a no dar por sentado aquello que hacemos o pensamos. A revisar nuestras decisiones, nuestras discusiones y las acciones que muchas veces incorporamos sin advertirlo. A preguntarnos por qué hacemos lo que hacemos y qué lugar ocupan nuestras elecciones cuando estamos en pos del encuentro con otros.
Cuando los estudiantes crecen e ingresan a bachillerato, aparecen nuevas herramientas y las preguntas pueden volverse más grandes. En Filosofía, por ejemplo, los estudiantes descubren que tener una opinión no alcanza para construir un argumento. Antes de opinar hay que conocer, estudiando aquello sobre lo que se va a discutir, buscando fundamentos, comprendiendo los problemas y aprendiendo a sostener las ideas. Pero hay una dificultad adicional, en las propuestas académicas, las posiciones que deben defender los estudiantes a la hora de debatir, son sorteadas. De pronto, alguien tiene que argumentar a favor de algo que inicialmente no comparte. Para poder defender esa postura necesita poner pausa, aunque sea por un momento, aquello que pensaba. La tarea obliga a conocer otra postura a la conocida, estudiar otra perspectiva, comprender sus razones y construir argumentos desde un lugar diferente al propio. Algo similar sucede cuando en este mismo espacio trabajan sobre inteligencia artificial y redes sociales. En un tiempo en el que los entornos digitales pueden llevarnos una y otra vez hacia aquello que confirma nuestras ideas, aparece una pregunta necesaria: ¿somos capaces de detenernos, cuestionar lo que recibimos y salir de los espacios cómodos de nuestro propio pensamiento?
La respuesta vuelve a necesitar de un elemento que atraviesa todo este camino: escuchar.
Eso también lo trabajan quienes participan del Taller de Discusión de Historia, Política y Sociedad, para estudiantes de 2º EMS. El nombre extenso del taller, refleja la esencia de lo que se propone ser, un espacio de discusión para los alumnos sobre diversos temas del acontecer histórico, la actualidad política y la sociedad. Se toman para el debate, estas temáticas con la intención de generar dos posturas y ponerlas a debatir delante del público. El espacio del taller curricular, se sustenta en ese principio de generar las condiciones para que los estudiantes puedan tener la capacidad de poder percibir la realidad, de pensar en el mundo, y reflexionar sobre él. La dinámica del taller consiste en presentar el tema a debatir, se hace una introducción teórica del mismo, se presentan las posibles posturas a tomar en relación con la temática, y se arman los equipos. Muchas veces se invita a los estudiantes, incluso, a defender posturas que pueden estar en las antípodas de su pensamiento, como un mero ejercicio argumentativo. Se les propone elaborar: un discurso inicial, dos preguntas, un listado de argumentos y un alegato final. La intención es poner arriba de la mesa posturas antagónicas, fomentando la fraternidad de la que hablaba Carrasco, y el respeto de las opiniones del otro.
Debatir se transforma entonces en algo más profundo que intentar convencer. Supone aprender a encontrarse con una idea diferente sin convertir la diferencia en enfrentamiento. Carrasco vinculaba el respeto por la persona con la capacidad de “escuchar las razones del otro”, con la práctica del diálogo y con el camino de la explicación.
En espacios extracurriculares como puede ser Kurupay, proyecto social de secundaria, la libertad interior atraviesa varias dimensiones: la capacidad de mirar la realidad con sensibilidad y sentido crítico; reconocer al otro en su singularidad y potencia; y traducir los valores en formas concretas de actuar y relacionarnos en la vida cotidiana. Siguiendo a Carrasco, las ideas solo adquieren sentido cuando se vuelven experiencia vivida. Por eso, la importancia del ejercicio de la libertad interior está intrínsecamente ligada a la vivencia concreta del encuentro, la cooperación y el compromiso con otros. Al participar junto con organizaciones y comunidades en acciones orientadas a crear condiciones más justas, los estudiantes descubren que la acción social no consiste en “hacer por” otros, sino en pensar, crear y actuar con ellos. La libertad interior se expresa, así, en la posibilidad de comprender la situación que habitamos y reconocernos capaces de transformarla colectivamente mediante vínculos más fraternos, más empáticos y más solidarios.
En la preparación para el Modelo de Naciones Unidas, se da un ejercicio que cruza simbólicamente las fronteras del Colegio. Cada estudiante representa a un país, investiga su realidad y sus posiciones y debe construir discursos, negociar y defenderlas frente a otras delegaciones. Por unas horas, ya no alcanza con mirar el mundo desde el lugar propio, hay que intentar comprenderlo desde otro sitio. Ponerse en otro lugar no significa abandonar las propias convicciones, significa reconocer que nuestra perspectiva no es la única posible y que comprender las razones de los demás también puede ayudarnos a entender mejor las nuestras, e incluso modificarlas.
Algo similar ocurre en el proyecto TED-Ed. Todo comienza con una elección: un tema que a un estudiante le interesa y sobre el que siente que tiene algo para decir. Ocurre un largo proceso, donde el estudiante investiga, se hace preguntas, selecciona información, contrasta perspectivas y descubre que expresar una opinión inicial no es lo mismo que construir un criterio. En ese recorrido comparte avances, escucha otras miradas y recibe devoluciones de docentes y compañeros. Algunas ideas se fortalecen, otras cambian, algunas preguntas encuentran respuestas y otras abren preguntas nuevas. Poco a poco, aquello que comenzó como “algo que quiero contar” se transforma en una voz pensada y fundamentada, capaz además de ponerse en diálogo con la comunidad. Otra vez, la libertad interior se vuelve experiencia: pensar críticamente, construir un criterio, expresarse con una voz que resuene en uno y estar dispuesto a enriquecerla en el encuentro con otros.
Y cuando el final de Secundaria comienza a acercarse, aparece una de las decisiones que probablemente más inquietudes despierte: ¿qué voy a hacer después?
En Bachillerato, desde 1° hasta 3°EMS el trabajo de Orientación del proyecto personal, acompaña ese momento. Primero aparecen la presentación de las posibilidades, estudios, trabajos, profesiones, caminos que quizá algunos estudiantes conocen desde hace años y otros que ni siquiera habían imaginado. Esos espacios se complementan con instancias grupales e individuales de acompañamiento y discernimiento, ya que es un proceso que requiere conocerse, hacerse preguntas, escuchar los propios deseos y expectativas, revisar condicionamientos y animarse progresivamente a encontrar las respuestas. Después de tantos años construyendo la libertad interior, llega una decisión en la que ese camino adquiere una dimensión especialmente concreta: comenzar a elegir el propio camino luego de cerrar su ciclo aquí.
Ningún estudiante hace este recorrido solo. Desde el trabajo de Psicología con las familias, el proceso de socialización ocupa un lugar central en la formación de personas libres. Al decir de Carrasco, tanto la familia como la institución educativa desarrollan una acción educadora que es, en esencia, socializadora. Por eso, para el Colegio, Familia e Institución Educativa son dimensiones indisociables. En encuentros individuales y colectivos se busca acercar esos dos mundos: compartir miradas, pensar juntos y acompañar un camino en el que intervienen la subjetividad, el contexto, las percepciones anticipadas, las ideas y tantos otros elementos que participan de la construcción de nuestra manera de mirar el mundo. No se construye la libertad por fuera de los vínculos.
Quizás entonces podamos volver a aquel estudiante que entró a Secundaria algunos años atrás. El que eligió una frase del Himno sin saber demasiado bien por qué. Durante su recorrido tuvo que imaginar qué haría frente a situaciones difíciles, pensar cómo se relaciona con otros, reconocer mandatos, hablar de sexualidad, revisar decisiones cotidianas, aprender a argumentar, defender alguna vez una idea que no era la suya, representar a un país lejano, debatir sobre el mundo y conocerlo accionando en él, investigar algo que le apasionaba, escuchar las razones de otros, empatizar y preguntarse qué quería hacer con su futuro.
No hay una única actividad que pueda resumir todo ese camino, y existen en él muchas más que se construyen silenciosamente en aulas y rincones del patio durante el caminar cotidiano. Es un proceso que supone un desafío constante: no solo comprender el concepto, sino también llevarlo a la práctica día a día, haciendo un ejercicio real y consciente de nuestra libertad interior.
Este es el recorrido que nos proponemos en el Latino con la idea de que el mismo no termine cuando un estudiante egresa, sino que estos andamiajes puedan acompañarlo para que, cuando llegue el momento de elegir su propio camino, pueda hacerlo con una voz auténtica y ésta se vea enriquecida por todas las voces que aprendió a escuchar.